En el tiempo libre: un viaje en esquí de 486 km a campo traviesa con destino a nuestra mina Kupol

Desde que se incorporó a Kinross en 2010, Timur Akhmetov, Subgerente de Medio Ambiente en Kupol, se ha dedicado en su tiempo libre a realizar extensos recorridos por la tundra de Chukotka que rodea a la mina. En mayo de este año, él y dos de sus amigos emprendieron una expedición de 486 km a campo traviesa en esquí con destino a nuestra mina Kupol. Timur relató a Kinross World su viaje en texto y fotos. 

La preparación para una expedición larga puede demorar más que la expedición misma, pero resulta igualmente fascinante. Al estudiar los mapas, elegimos la mejor ruta a través de montañas y ríos, siempre considerando la necesidad de una vía de evacuación.

Nuestro viaje comienza en el poblado Ust-Belaya, aproximadamente 300 km al este de Anadyr. La única manera de llegar allí es en un vehículo todoterreno. Además, organizamos la recogida en avión al final del viaje para mis dos amigos, que no trabajan en Kupol.

Estamos muy agradecidos con el Director de la Mina, Dave Nuburger, y la oficina de Kinross en Anadyr por su ayuda para esta travesía.

Debemos calcular cuántos alimentos y gas para cocinar necesitamos. Para obtener agua, podemos derretir nieve, pero eso requiere tiempo y consume gas, por lo que procuramos detenernos en ríos y lagos donde podamos cortar a través del hielo con un hacha pequeña.

Transportamos todo nuestro equipo (ropa, carpas para tres personas, una pequeña carpa de emergencia, alimentos y gas) en trineos. Esto representa aproximadamente 40 kg por persona, lo que está bastante bien. En realidad, es difícil elegir el tipo correcto de ropa porque durante el día uno puede sentir mucho calor (¡camisetas de manga corta!) y, durante la noche, la temperatura desciende a menos 29 grados Celsius.

Con mis amigos nos llevamos muy bien; ¡esto es algo imprescindible en una expedición como esta! Por supuesto que a veces tenemos algunas diferencias, ¡como sobre qué camino tomar! A veces, cuando uno mira alrededor, todo se ve blanco y aunque tenemos un dispositivo GPS, brújula y mapas, resulta difícil orientarse. 

La diversidad de paisajes es increíble. Partimos desde una planicie de tundra interminable, con montañas en el horizonte. Cuatro días después, nos encontrábamos en un bosque poblado de urracas que cruzaban las ramas de árboles delgados, y pájaros carpinteros que producían su sonido característico en los troncos.

Después de caminar 130 km hacia el norte, cruzamos el Círculo Ártico e ingresamos a las colinas. Mantuvimos un registro de los ríos que cruzábamos para conocerlos por sus cabeceras y desembocaduras: algunos tienen nombres como Vanakvaam, Maravaam, Vuskyneiveem, Emungyretveem. Con la llegada de la primavera, observamos el derretimiento de numerosas áreas de tundra, sobre las que deslizamos lo mejor que pudimos nuestros trineos. Comenzamos a percibir los perfumes de la tundra estival, el aroma mixto del té de labrador, las bayas y la hierba del año pasado.

Después de almuerzo, a menudo tomábamos una siesta de tres o cuatro horas y reanudábamos el viaje al atardecer, cuando bajaba la temperatura y la nieve no se adhería a los esquíes. A veces, esquiábamos sobre la capa de hielo de los ríos.  

Después de viajar por 13 días en dirección norte, llegamos por fin al lago Elgygytgyn, el “lago de hielo que no se derrite”, como lo llaman los Chukchis. Este lago casi perfectamente redondo, de más o menos 15 km de diámetro, se formó en el cráter creado por un meteorito hace 3,5 millones de años. Con más de 170 metros de profundidad, nunca se congela hasta el fondo, de manera que el sedimento en el fondo contiene residuos de gran antigüedad. Es una máquina del tiempo natural que atrae a investigadores de todo el mundo.  

Nos quedamos a descansar cinco días en una cabaña de cazadores y, el 7 de mayo, reanudamos el viaje hacia la cordillera Ilirney, donde nos encontramos rodeados de montañas de más de 1000 metros de altura. Por un instante, nos preguntamos si sería posible encontrar la ruta correcta a través de estos colosos azules que refulgían bajo el sol. Sin embargo, a la medianoche del 12 de mayo, dejamos atrás la cumbre más alta e ingresamos al Desfiladero de Topógrafos Militares, una referencia al departamento militar que, históricamente, era responsable de todos los sondeos topográficos y geodésicos en Rusia.

 El río Tytylvaam, que fluye en dirección sur, nos llevó al lago Tytyl y después, al campamento Utkuveem, a 50 km de la mina Kupol en el camino Kupol-Dvoinoye.

Mis amigos se quedaron unos días en Utkuveem para esperar el avión que los llevaría a Anadyr, descansar y pescar, en tanto que yo regresé a mi escritorio en Kupol. Pero estoy feliz. Esos 24 días y 486 kilómetros me proporcionaron más energía e inspiración que descansar entre las cuatro paredes de mi hogar en Anadyr. 

La primera (y ventosa) noche del viaje. Al día siguiente, permanecimos en nuestras carpas, esperando que pasara la tormenta

El paisaje montañoso entre los lagos Elgygtgyn y Tytyl

El río Enmyvaam, cubierto de nieve en deshielo 

Buscando el camino entre la niebla

La cabaña de caza a orillas del lago Elgygytgyn, donde descansamos cinco días

El halo del sol reflejado en el lago Elgygytgyn

¡Los aventureros de Kinross!

Un atardecer en el río Marvaam 

Los primeros 100 km de nuestro viaje: la planicie de la tundra 

Con el viento en contra: ¡así no es fácil caminar NI esquiar!

Una larga y difícil pendiente

La ribera del río Enmywaam. Había demasiado hielo para esquiar, de manera que preferimos caminar, pero con mucho cuidado

La primavera llega a la tundra

Bayas del año pasado